Cuando la inmigración duele

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Ella en su país manifestó abiertamente estar en contra de las políticas del gobierno, tuvo que irse, tomó algunas cosas y las metió en silencio en su maleta. Se fue con el corazón lleno de angustia, había riesgos en contra de su integridad física y se fue.


Dentro de ella operaban múltiples emociones, una de ellas el “dolor” que le impedía pensar con claridad, desde el avión se despedía de su tierra, sus vecinos, amigos y peor aún su familia. Ya a su llegada y aún con su nariz roja de tanto llorar, en el aeropuerto la esperaban otros que le habían adelantado el paso, uno de ellos con dos flores y ojos brillantes, había sido su compañero de la universidad, le dijo todo estará bien.


Ella sentía dentro de si el miedo, desesperanza y dolor un dolor que aunque el país la recibió con los brazos abiertos, está ahí latente aflora con las injusticias, emerge cundo quiere gritar, surge, la descoloca y cabalga a veces en los recuerdos.

Tomamos la ilustración de Patricia Barrachina como base para un tema que es vital y el dolor de la inmigración. ¿Cómo ir disipándolo? No te quedes solo, reúnete con amigos, visita lugares turísticos, adáptate a tu nueva realidad y sigue, ve con humildad sin dejar que te subestimen, tú vales.